Zainab (derecha) huyó con su familia de Siria a Beirut. Con serias dificultades en un principio, encontró un modo de salir adelante gracias a una capacitación financiada por ONU Mujeres en la que adquirió competencias para trabajar en un salón de belleza. Foto: ONU Mujeres/Nathan Beriro.

Zainab (derecha) huyó con su familia de Siria a Beirut. Con serias dificultades en un principio, encontró un modo de salir adelante gracias a una capacitación financiada por ONU Mujeres en la que adquirió competencias para trabajar en un salón de belleza. Foto: ONU Mujeres/Nathan Beriro.

Tender un puente entre acción humanitaria y desarrollo

Acción humanitaria

Una tormenta, un terremoto o un conflicto alteran la vida, entorpecen el desarrollo y paralizan el progreso hacia los objetivos globales. Sin asistencia humanitaria, las personas suelen caer más hondo en la pobreza y en una salud precaria, pues pierden el hogar y los medios fundamentales de subsistencia. Para las mujeres, los riesgos suelen ser más agudos. En general, cuentan con menos recursos para sobrevivir y reconstruirse y enfrentan mayores amenazas de violencia sexual. Sin embargo, cuando gozan de empoderamiento, ellas lideran el camino de la recuperación.  

ONU Mujeres encabeza una iniciativa mundial para colocar a las mujeres y la igualdad de género en el centro de la acción humanitaria, entre otras cosas, a través de la aplicación de los programas que en 2016 atendieron a 120.000 mujeres. 

El trabajo de ONU Mujeres descrito a continuación ilustra las contribuciones efectuadas, en especial, a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en materia de pobreza, igualdad de género e inclusión.

Generar resiliencia ante los conflictos

Zainab recuerda haber llegado a Líbano y sentirse una mendiga mientras hacía de todo para llegar a fin de mes. Transcurría sus días atormentada por el anhelo de regresar a su hogar en Siria. Pero su vida allí había sido destruida por el conflicto y la pérdida desgarradora de uno de sus cuatro hijos, asesinado por un francotirador.

Más de

125 000

mujeres y niñas recibieron
asistencia humanitaria

Se gestionaron

66

espacios seguros y
38 centros de servicios múltiples

 

263

organizaciones de mujeres recibieron
apoyo para brindar respuesta humanitaria
y reforzar la capacidad de resiliencia

Encontrar refugio seguro

En Camerún, ONU Mujeres lleva adelante una labor similar que da refugio a las personas que huyen del conflicto en la República Centroafricana y del terror de Boko Haram en la vecina Nigeria y el propio Camerún. A través de centros especiales para mujeres refugiadas y desplazadas internas, ONU Mujeres ha brindado asistencia psicosocial y protección contra la violencia de género a 1000 mujeres. La capacitación en comercio y pequeños subsidios aumentaron las actividades como el procesamiento de alimentos, elaboración de jabones, costura y otros negocios, incluso entre las mujeres pobres de las comunidades anfitrionas aledañas a los campamentos para personas refugiadas. Las medidas de extensión comunitaria han informado a más de 47.000 personas sobre los riesgos de la violencia de género y cómo responder a ella, lo que produjo una disminución de los matrimonios precoces.

En el marco de la Estrategia de Desarrollo para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, Japón ha brindado de manera constante asistencia para los países en desarrollo en áreas prioritarias como la promoción de los derechos de las mujeres y las niñas y el avance del liderazgo de las mujeres en la política, la economía y otras esferas públicas. Al promover estos esfuerzos, ONU Mujeres, férrea defensora del empoderamiento de las mujeres en el mundo, es una aliada de confianza para Japón.

Fumio Kishida, Ministro japonés de Asuntos Exteriores

Agilizar la recuperación después de desastres

Los desastres pueden abrir espacios desde donde desafiar las normas tradicionales de género. De ellos surgen a menudo líderes comunitarias que movilizan a sus vecinas y vecinos. En algunos casos, asumen funciones donde tradicionalmente se desempeñan los hombres, removiendo escombros y en tareas de reconstrucción. Esto sucedió, por ejemplo, luego del fuerte terremoto que destruyó viviendas y edificios en Ecuador en 2016. Con un programa de dinero a cambio de trabajo, ONU Mujeres capacitó a mujeres en albañilería y trabajos de construcción; poco después, ya estaban reconstruyendo un centro de rehabilitación social y una serie de centros comunitarios. Lucas Melo, de 35 años, se siente cada vez más cómoda en sus botas y casco de protección. Antes de la crisis, nunca había trabajado fuera de la casa y hoy, su familia depende de sus ingresos.

Lenche Zdravkin. Foto: Mirjana Nedeva.

Foto: Mirjana Nedeva

SDG 16: Peace, justice and strong institutionsSDG 10: Reduced inequalities

Lenche Zdravkin es una leyenda en la antigua República Yugoslava de Macedonia por su trabajo con las personas refugiadas. Por su casa, ubicada en Veles frente a las vías del tren, pasaron miles de personas refugiadas en busca de un lugar seguro en Europa al comenzar la crisis. Lenche Zdravkin ayuda a las personas refugiadas y migrantes con alimentos, agua, ropa y otras necesidades cuando llegan a su casa junto a las vías del ferrocarril. Además, visita a personas refugiadas en los centros de tránsito ubicados en Tabanovce y Vinojug, donde ONU Mujeres ofrece apoyo a las mujeres y las niñas a través de sus aliados locales. Colecta y ofrece donaciones para ayudar a las personas refugiadas. Su trabajo está estrechamente vinculado con el ODS 16 sobre la promoción de sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible. También contribuye a la meta del ODS 10 de posibilitar una migración segura para las personas.

Lenche Zdravkin: “He visto lo que significa no tener nada”

“Hicieron falta sólo dos días para darme cuenta de quiénes eran y por qué pasaban junto a mi casa por las vías del tren. Empecé a preparar té, cocinar huevos y comprar fruta para ofrecérselos. Pero comenzaron a llegar cada vez más personas refugiadas —algunos días recibía entre 300 y 400—, por lo que empecé a hornear pan. Era una tarea físicamente agotadora, hasta que mi esposo me compró una máquina de amasar. Solía sentarme en el jardín para esperar su llegada. A veces, me iba a dormir a las 9 de la noche, dormía hasta la medianoche y luego esperaba afuera otra vez.

Ferdi, de Siria, pasó por aquí el año pasado. Medía más de 1,80 metros. Cuando lo vi en las vías, usaba sandalias de plástico talla siete, mucho más pequeñas que sus pies. Vendé sus heridas y le preparé café. Ferdi había dejado a su esposa y dos hijos en Turquía, con la esperanza de llegar a Holanda y traerlos más tarde a ese país. Cuando llegó a Holanda, nos mantuvimos en contacto. Si Ferdi no tenía noticias nuestras durante algunos días, se deprimía. En abril, pagamos los pasajes de su esposa e hijos para que se reunieran con él en Holanda. Cuando le contamos, no podía creerlo. Me contestó: ‘Si mi esposa viene, me casaré con ella por segunda vez y usted será la madrina’.

Mi vida se simplificó desde la crisis. Ya no me preocupo por tonterías, como qué detergente comprar... he visto lo que significa no tener nada. He visto a niñas y niños hambrientos caminar sobre las piedras. Cambia toda la perspectiva”.

Actualmente 65 millones de personas han sido desplazadas por la violencia | La mitad de ellas son mujeres y niñas